Antonio Pérez Henares

Alborozo socialista con Hollande

La victoria por la mínima, en primera vuelta, del socialista Hollande sobre Sarkozy parece presagiar su triunfo definitivo dentro de dos semanas. Los resultados son coherentes con la deriva electoral francesa, el PSF había vencido en comicios parciales y territoriales anteriores, y anuncian la reconquista del poder tras muchos años de presidencias de la derecha. La noticias ha sido recibida con alborozo por la izquierda española. Y curiosamente con no demasiado disgusto por el Gobierno. Aunque lo disimule.

La razón de fondo, más allá de las puñaladitas de Sarko a España, aunque fueran en el trasero de Zapatero, es que con Hollande en el Eliseo, la férrea Merkel tal vez tenga que aflojar un poco el dogal sobre la UE y sobre algunos países como España que necesitan un mínimo de respiro. Desde luego que es esencial el ajustar ingresos y gastos y no despilfarrar lo que no se tiene, y esa herencia mal que les pese su recuerdo tiene culpables muy evidentes, pero que además habrá que incentivar crecimiento y producción es cada vez más diáfano si queremos salir de esta. Las cifras volvían a cantar esta mañana con los datos del PIB -0,4 que no colocan de nuevo en recesión. Lo sabíamos desde luego pero la confirmación no deja de ser dolorosa. Y junto a ellos la retahíla de desdichas, caída de la bolsa, subida de la prima de riesgo y perspectivas aun más tenebrosas para el empleo.

De donde estamos metidos desde luego que hemos de salir de esta nosotros, y bastante solos, pero si no nos aprietan tanto, tanto tal vez lo podamos hacer un poco mejor y algo menos dolorosamente.

Volviendo a Francia no todo es resurrección de la izquierda. Porque el contrasentido es brutal. Resulta que en su conjunto los franceses nunca han votado más a la derecha. Porque entre los votos netos de izquierda Hollande (28,5) y F. Melenchón (11,1) suman sensiblemente menos que Sarkozy (27,1) y Marie Le pen (18,1). El centrista Bayrou sumo otro 9,1. Vamos que la llave la tiene la extrema derecha. Pero lo que dicen las encuestas es que en segunda vuelta, buena parte de esos votos “ultras” se harán “buenos” y votarán socialista. Las crisis están golpeando, en mayor o menor grado a los gobernantes, y la desafección a Sarkozy parece primar más que la propia tendencia ideológica. Y así lo que parece más probable que suceda es que el señor Hollande deberá en buena parte su presidencia a la ultraderecha. ¿O es que esos ultras no lo son tanto y no vale simplemente el sambenito mantra para descalificarlos?

En cualquier caso también parece evidente que el ascenso de Le Pen indica un grieta de crecientes dimensiones en el bipartidismo. Un 44 por ciento del electorado ha elegido otras opciones aunque habrá que comprobar si la emergencia del Frente Nacional es como otras veces flor de un día. Le Pen padre logró en una ocasión el 17 por ciento y algo más que su hija, al sobrepasar entonces al socialista Jospin y disputar la segunda vuelta. Luego el sistema electoral francés lo minó y le dejo reducido a la mínima expresión en las legislativas y en la Asamblea Nacional.

Pero es en esa desafección hacia los partidos mayoritarios donde uno si ve un paralelismo creciente de tendencia con España. Algo se ha atisbado en la generales y con mayor nitidez en las andaluzas. Y es algo que debiera preocupar a quien más al PSOE aunque estén tan contentos. La ultima encuesta publicada por el País resultaba esclarecedora. Rajoy y el PP sufrían un serio desgaste. Seis puntos abajo del resultado electoral, para quedarse en un 38 por ciento. Pero es que el PSOE no solo no restaba nada sino que hundía más y anda ya en la frontera del 20 por ciento, una línea roja de la que ha descendido en Madrid. Izquierda Unida y UpyD aparecen como los beneficiarios. Vamos que Rubalcaba lo único que puede celebrar en realidad son los éxitos de Hollande.

La Corona se gana cada día

Recuerdo perfectamente esas palabras del Príncipe de Asturias  como la máxima enseñanza que le había dado su padre el Rey don Juan Carlos. “La Corona se gana cada día”. Eran otros tiempos, y mejores, para la Monarquía en España. Su crédito y prestigio eran casi unánimes entre el conjunto de la población española más allá de sus tendencias ideológicas. Y era así porque los españoles éramos muy consciente de que el Rey se había ganado a pulso la Corona.

Que se la ha ganado con creces. Más allá de su origen. Muerto Franco y aupado él a la jefatura del Estado impulsó e hizo posible la Transición española. Con inteligencia supo maridar el interés general de España con el de la Institución. La democracia era inevitable e imprescindible y el encabezó aquel impulso que supuso la incardinación de la Corona en la Constitución como una monarquía parlamentaria ratificada legitimada y ratificada mediante referéndum.

Don Juan Carlos tiene prestado a la Nación ese servicio trascendental- que también le favoreció sin duda a él mismo y a lo que representa- y muchos otros. En la retina de todos el 23-F donde, dejémonos de gaitas y elucubraciones, la prueba del nueve es que si don Juan Carlos lo hubiera apoyado el golpe hubiera triunfado. Él lo abortó. Pero, aunque menos impactantes, sus tareas cotidianas han sido enormemente positivas. El Rey ha sido nuestro mejor embajador, nuestra mejor imagen en el mundo, hasta para mandarle callar a Chavez, y su prestigio internacional nos ha ayudado de continuo y con eficacia. Hasta ayer mismo, hasta ese contrato del AVE de la Meca o esa gestión petrolífera en Kuwait. El beneficio para España ha sido cierto y también lo ha sido para la Corona. Y de sus pecados, a que negarlo, todos nos hemos sonreído y hasta amparado.

Pero desde hace unos años esa percepción ha variado. Drásticamente incluso. Por primera vez la encuesta del CIS suspendía a la Corona (4,89) y luego vinieron en cascada los problemas y las salpicaduras. El caso Urdangarín ha sido lo más grave. La reacción, aunque tardía quizás, fue impecable. Pero un cristal, un tabú de protección nunca escrito pero asumido, se había quebrado. Y anteayer era lo del nieto pegándose un tiro en el pie. Y el día 14 de abril, que ya es puñetería añadida, día de la republica nos desayunamos con la noticia de su accidente en Bostwana, en una cacería de elefantes, que encima, toma otra, es el símbolo de los republicanos americanos.

Lo de menos, aunque haya quien lo lleve por ahí es la caza y el elefante, por cierto perfectamente legal, regulado escrupulosamente y siempre en estricto control de sus superpoblaciones en alguna zonas de ese lugar, para mi el más hermoso y virgen de África, que es el delta del Okavango. La cacería es lo de menos. Empieza a ser algo más su coste. Que entre el “white hunter” el famoso Jeff Rann, que cobra 20.000 euros por sus servicios, amen de todo la impedimenta, viaje y sobre todo precio de cada pieza abatida, y un trofeo de elefante sale a 30.000, eso por menos de 100.000 euros no ha salido. Más aun con los costes del viaje de ida Gaborone y de vuelta urgente desde Maún en avión privado. Otra cosa es quien los ha pagado.

Y en estos momentos de zozobra, de angustia económica en un país que se tambalea y cuyos ciudadanos tienen sobre si la terrorífica losa de un paro que se acerca a los seis millones, en unos días en que nos asomamos al abismo con la prima de riesgo desbocada, la bolsa en picado y los ataques exteriores, como el de Argentina, acosándonos ¿ese el lugar donde debe estar y la imagen que debe dar su jefe del Estado?. Conocida además por un accidente, y ya van unos cuantos, de quien ha alcanzado ya una edad considerable para ciertas cosas de 74 años. Desde luego, en este trance no puede decirse que don Juan Carlos se estuviera ganando la Corona.

Los servicios de don Juan Carlos han sido muchos. Pero tal vez ha llegado el momento de pensar que quizás aun pueda hacer uno más e importante. Dejar paso a su hijo y heredero. Preparado, sólido, en mejor sintonía con fondos y formas actuales de entender incluso su función y cometido. Listo para ganarse también día a día la corona. Lo que menos necesitamos ahora es entrar un nuevo y traumático sobresalto de confrontación por nuestra forma de Estado. Pero lo que no podemos hacer tampoco es callar ante determinados comportamientos ni seguir encadenados a tabúes. Los aplausos no le han faltado a don Juan Carlos. Debe asumir que la crítica es inherente a la democracia y la libertad de opinión y pensamiento es principal valor. Su propia reflexión puede llevarle a lo que está llevando a bastantes. Tal vez sea el momento de ir dando los pasos necesarios para ese relevo. Por edad, por adecuación al nuevo tiempo e incluso por el propio interés de la Corona. Que ese ha sido el faro que ha guiado al Rey en todas sus decisiones.

Paisaje político con distancia

El viaje y la lejanía tienen como efecto apreciable el ofrecernos una diferente percepción de los asuntos que nos envuelven en el día a día y nos proporcionan una visión que en ocasiones resulta mas clara y contrastada que cuando estamos tan próximos al tablero y acabamos enredados en las jugadas perdida la dimensión global de la partida.

Once días más o menos a salvo del embrollo declarativo de nuestra política (aunque aislarse ya es imposible en este mundo de red y globalización andar medio perdido por las estepas mongolas del lado chino y en la frontera con Rusia se me antoja lo más parecido) permiten al regreso, tras un vistazo a lo sucedido, que queden subrayados algunos aconteceres que emergen con luz diferente tras la limpieza mental de la indigestión informativa con que a diario acabamos.

Lo primero que sobresale, partí justo al día siguiente de la huelga del 29-M, es que está pareciera como ni haber sucedido. “Fuese y no hubo nada” que diría el gran clásico. Se ha disuelto como un fuego de artificio, como una gran traca de una mascletá valenciana. Y esa es quizás la prueba del nuevo de su fracaso. No fue un fiasco absoluto y pero no detuvo nada al fin y al cabo. Los sindicatos ya han gastado esa bala del tambor y si piensan en disparar otra cada vez tendrá menos pólvora.

Sí se percibe una huelga más profunda en la política. Los efectos de las elecciones del 25 en Asturias (lo del caudillo Cascos es letal para el centro derecha y ya es de segundas: estuvo también en la disputa con Marqués, el entonces de general secretario del PP) pero sobre todo en Andalucía perduran. La resistencia del PSOE, su cierto tocar suelo en su desplome y la amarga victoria del PP andaluz frustrado cuando parecía tener ganado el ultimo bastión del enemigo han dejado un poso y un recorrido. Los socialistas han pasado de la depresión al alivio y de ahí a una sorprendente, y puede que alucinada, euforia más debida, creo, a su anterior pánico a perderlo ya todo que a la realidad de una situación en la que siguen muy mermados en poder central, autonómico y municipal. Pero su sensación de haber pisado al fin suelo se les nota y mucho.

Por la parte contraria la frustración, tras quedarse con la miel en los labios, es más que evidente. El más sensato, una vez más, fue el presidente. Y lo más notorio aunque ya nada sorprendente la vuelta al escenario tonante de las viejas colleras de enemigos de Rajoy, esos que se consideran los guardianes de la esencias del templo de la derecha y capaces de arreglar estos “sin complejos y en dos patás”, los mismos que lo despellejaban vivo y lo daban por muerto, en público y en privado, por las ondas y por escrito, los que hubieron de callar ante su triunfo y ofrecer sonrisas y halagos de sumisión y conveniencia. Pues ahí están de nuevo prestos a imponer su interesado consejo. Aunque ya lo secretean como cadáver y antes de que concluya el año. Tales voces y tales voceras resultan en curiosa sintonía con la frecuencia de los pensamientos de los adversarios socialistas. Ambos descuentan ya casi la crisis acabará por demoler a gobierno en un suspiro y que Rajoy caerá por el despeñadero por el que se precipitó al vacío con los suyos y, lo malo, con todos nosotros.

El presidente que nunca existió para el PSOE-hay que ver que inmediato y total olvido-si queda en la memoria del presidente francés que lo utiliza como antídoto contra su rival, el socialista Hollande. Y observa uno, con cierto estupor, que lo que es una critica compartida a Zapatero ya no solo por la opinión generalizada sino constatada en urnas se vista de “ataque a España”. Hombre, bien no viene, pero verdad es de las de a puño. Puede que nos este amargando aún más la prima de riesgo, de nuevo histérica y amenazante, pero lo que dice no nos es ajeno. Que el gobierno socialista negó la crisis, la menosprecio, la dio por acaba cuando se cansó de buscarle seudónimos, la agravó con sus disparates y despilfarros y nos ha dejado en una sima. Eso, me parece no hace falta que lo diga Sarkozy.

Y esas son lo que reflexiona uno al aterrizar y uno se entera que el Barsa ya le echa el aliento en el cogote al Madrid, que en tierra no hay raqueta que se nos oponga y que seguimos siendo los amos sea sobre dos ruedas o sobre cuatro. Ah y que los señores pilotos de Iberia, aunque ya haya pasado Semana Santa, son nuestra eterna cruz a cuestas.

Las encuestas tocan a difuntos

Todas, absolutamente todas, las encuestas vaticinan que Griñán va a perder las elecciones en Andalucía… y el gobierno de la Comunidad, también. El vuelco es brutal. De diez puntos arriba del PP hace cuatro años a diez abajo. Esa es la foto global y fija. Como lo es la opinión más que general de que el PSOE andaluz está enfangado en la corrupción y que es necesario un cambio en el poder que se ha mantenido durante 32 años apoyado, por supuesto, en la legitimidad de unos votos y unos escaños que llegaron, en el lejano 1982 a los ¡66!.

Tan solo una de las encestas, la de Sigma Dos, para el Mundo, apunta, en su tramo peor para el PP, que Arenas podría quedarse en 54 escaños. Pero la suma PSOE mas IU sigue sin alcanzar los 55 necesarios para gobernar, porque lo que indica el sondeo es que algunos escaños pueden bailar del PP a UpyD o incluso al Partido Andalucista. Y no es de suponer que ninguna de estas formaciones políticas, los de Rosa Díez ya han expresado su voluntad de dejar paso franco a la lista más votada, esté por la labor de apuntalar algo que se está cayendo literalmente a cachos.

La jugada de Griñán no parece que le esté saliendo nada bien. Suponía que los meses de Rajoy en Moncloa y las medidas que se iba a ver obligado a tomar le supondrían un desgaste significativo y le permitiría recortar ventajas y, aunque fuera por los pelos, mantenerse en el poder. Por lo que parece el tiro le puede salir por la culata. A quien le está afectando más y peor es a él.

Los ERES fraudulentos, las subvenciones a empresas, amigos y cargos del PSOE, pesan como la peor de las losas y el peso de un 31% de paro termina por hacer aplastante la carga. No deja de restar tampoco el “papelón” jugado por el presidente andaluz en el Congreso y su emboscado apoyo a Chacón. Rescatado in extremis por Rubalcaba y nombrado presidente de todo el partido, para mantener una apariencia de unidad y echarle un salvavidas antes de que definitivamente se ahogara en el Guadalquivir, solo ha hecho que descubrir aún más la descomposición y naufragio de un partido que lo fue y lo tuvo todo en una región que consideró como casi de su exclusiva propiedad.

Puede haber voto oculto. Pero puede que no se interprete bien en que dirección. Sirva como ejemplo que en las elecciones municipales de Sevilla, los sondeos a pie de urna no concedían la mayoría absoluta a Zoido que según las “israelitas” se quedaba a dos y acabó con 20 ediles y yendo sobrado de tres.

Pero más allá del hecho trascendental que puede acaecer el día 25, con esa última catástrofe socialista, un factor puede también acabar de alumbrarse en el panorama político español. Y no es otro que la aparición de un cuarto partido en liza con el que ya se tenga que contar en muchas partes del territorio nacional: UpyD. Si logra representación en Andalucía y en Asturias habrá pasado una definitiva prueba de fuego. Ya no será únicamente un partido de Madrid, que ya no lo es (tiene un diputado nacional por Valencia también) pero que de lograr este objetivo contará en las cámaras regionales y puede comenzar a ser decisorio en el futuro en la composición de mayorías, como ya tiene llaves en ayuntamientos importantes, y en la formación de gobiernos. Que será, al fin y a la postre, cuando de verdad se juegue para el futuro su ser o no ser.

Las encuestas tocan a difuntos para el PSOE y pueden tocar también a clamores por Cascos en Asturias. Si ahora queda por debajo de su antiguo partido ¿qué va a hacer?. ¿Pactar con ellos o permitir que gobierne el PSOE que va a lograr merced a él conseguir al menos ser la fuerza más votada en una comunidad?

Un voto vale más que una pancarta

Un voto vale más que una pancarta. Unas elecciones valen más que una manifestación y que una huelga general… o dos. Cándido Méndez dijo que la reforma Laboral era un “golpe de estado” después de que la votaran los representantes elegidos por el pueblo, por abrumadora mayoría, en el Parlamento. Cándido Méndez, seguro, votó el 20-N, y también Toxo, y los cien mil liberados y asalariados sindicales y la inmensa mayoría de los manifestantes de ayer. Y sus votos se contaron. Lo que sucedió es que perdieron.

Los sindicatos tienen todo el derecho a manifestarse y a convocar huelgas. Y los ciudadanos a acudir a ellas o ir a trabajar. Que eso es también algo que no parecen comprender y que pretenden imponer: hacernos huelguistas a la fuerza.

Las centrales sindicales, convertidas en gigantescas maquinarias burocráticas, subvencionadas con dinero publico de nuestros impuestos, se han lanzado a la yugular del nuevo Gobierno. Pero ese Gobierno tiene detrás toda la legitimidad para actuar. Es más, tiene la obligación de hacerlo tras haberse encontrado el país en la dramática situación actual: en recesión y con mas de cinco millones de parados. Algo de lo que, por cierto, los sindicatos, que no los trabajadores, son corresponsables y este Méndez agitador de ahora era quien ayer visitaba la Moncloa como si fuera un vicepresidente del Gobierno más. La huelga de opereta al compañero Zapatero la hicieron al final como si se la hicieran a todos menos a él y a su gobierno. De hecho, uno de los huelguistas acabo de efímero ministro para retomar de inmediato la pancarta tras el varapalo de las urnas.

Los sindicatos dicen que representan a los trabajadores. Eso será cierto en las fabricas o en los lugares de trabajo, pero a los trabajadores como a todos, política y constitucionalmente, los representan aquellos que han sido elegidos en las urnas.

Las razones sindicales existen, faltaría más, pero no es ni media verdad lo que proclaman. La reforma laboral española ni acaba con los derechos ni siquiera llega a rozar la profundidad de la que pactaron los sindicatos alemanes con el canciller Srroeder, socialista, y que han llevado a su país a la más alta cuota de empleo de su historia. Los 45 días por año trabajado se mantienen como derecho adquirido y a partir de ahora se rebajan a 33. No hay pues ese despido ni libre ni gratuito. Lo que sí hay es una severa revisión del propio papel de los sindicatos en las relaciones laborales. Y es ahí en realidad donde les duele.

Los sindicatos españoles, con más de 10.000 asalariados y otros 70.000 liberados, han gozado de todas las prebendas, de unas subvenciones multimillonarias, de una maná en forma de dudosos cursos de formación que solo ellos controlaban y ahora todo ese poder entra en cuestión. Por ello esta huelga tan previsible, prevista, anunciada y pregonada desde antes incluso que Rajoy tomará posesión. Más allá de defender a los trabajadores y a los parados que dicen defender y a los que, sobre todo a los segundo, se las ha visto defender muy poco años atrás lo que defienden es la propia estructura sindical.

El PSOE, derrotado en las urnas, derrotado en el Parlamento, quiere de nuevo votar en la calle. Puede ser también un mal paso, como el sindical, pues la memoria de la sociedad aunque frágil no lo es tanto como para no recordar quiénes son y dónde estaban tan solo con mirar un paso atrás. Méndez y Rubalcaba gozan en este sentido de muy escasa credibilidad.

El Gobierno no puede ni debe ni tiene pinta alguna de dar marcha atrás. Tiene la legitimidad y la fuerza suficiente como para seguir adelante intentado reparar este motor gripado que es España y al que precisamente han llevado a quedarse sin aceite, sin gasolina estos sindicatos que ahora, y en eso tienen razón, luchan más que nada por ellos mismos. Por seguir mandando en cosas que tal vez no tienen por qué mandar. Y por percibir, a cuento de qué, unos dineros públicos que no tienen por qué percibir. Unos dineros de los que no se da cuenta alguna. Porque esa es otra, la transparencia que exigen a todos, a ellos no se la aplican jamás. Y algún día habrá que saber cómo y en qué se emplea ese dinero sindical. Porque si es publico, y lo es en su mayoría, y no de sus afiliados y socios, los paganos tenemos derecho a saber.

La hazaña de Griñán

Unas semanas antes de las elecciones municipales que iban a sacudir como un terremoto el panorama político español, en el programa de La Mañana de la COPE entrevistamos a Griñán. El presidente andaluz señalaba que en su región los socialistas habían ganado siempre y se mostraba confiado en que esa pauta se volvería a repetir. No le tocaban entonces a él las autonómicas y tampoco le tocaron, ya que las retrasó calculando que los duros ajustes castigarían al PP, en la debacle general del 20-N, pero ya le tocan. Y ante su alarde de victorias pasadas la repregunta de aquel entonces sirve muy bien para hoy “¿Y ha pensado que puede ser usted el primero en perder?”.

Porque Griñán puede ser, precisamente él, quien “consiga” la hazaña de ser el primer socialista que pierde las elecciones en esa comunidad. En realidad hoy ya sabemos que las va a perder y su única esperanza es que su rival no alcance la mayoría absoluta y que con los votos de IU pueda seguir en el poder. Con la novedad que, en esta ocasión, esa hipótesis se vea también trastocada por la irrupción de UpyD que parece tener claro que no va a contribuir a que sus escaños sean la segunda muleta para no acabar de caer. Rosa Diez ya ha expresado su intención, si depende de ellos, de dejar gobernar a lista mas votada.

El presidente andaluz ha visto desde aquella entrevista como el entramado de poder se iba desmoronando a su alrededor. La pérdida de todas las capitales, en particular la de Sevilla donde aún pensaban resistir, ha sido la prueba más dolorosa del ocaso del PSOE andaluz que se completo con el desalojo de cinco de las ocho diputaciones provinciales. En las generales no fue a mejor, siendo barridos por el PP que dio la vuelta como un calcetín a los resultados, y donde ellos consiguieron y por un único escaño la victoria en la provincia de Sevilla.

Pero es peor, el desplome electoral ha ido parejo a la erupción de los escándalos, en particular el de los falsos ERES, donde cada día se pone más al descubierto una cortijera manera de gobernar donde se desparrama fraudulentamente dinero a los afines con la sensación de impunidad de tantos y tantos lustros de poder sin el mínimo control. El candidato añade, encima y por propia voluntad, su penosa actuación en el Congreso del PSOE, donde apostó, con trampa y hurtando el cuerpo, por Chacón y tras la derrota le tuvieron que echar un salvavidas y darle un puesto de consolación para que no se notara demasiado y se hundiera definitivamente en el Guadalquivir.

No lo tiene nada bien Griñán. Pero eso no significa que el 24 por la noche (a expensas de lo que suceda en Asturias, que esa es otra) y  aun perdiendo y por mucho, pueda convertirse en el superviviente triunfador. Porque si consigue salvar la Junta, Griñan será el único poder que les queda y la esperanza de la recuperación de las expectativas del PSOE. Algo así como la prueba de que la marea azul ha dejado de crecer y empieza su reflujo. Para él sería un éxito y para su jefe a palos y amigo a la fuerza, Rubalcaba, un balón de oxígeno tras todos estos meses de sinsabores y abismos electorales.

Por el contrario, si las encuestas se hacen votos y Arenas logra, al fin y a la cuarta, su objetivo, amen de completar el mapa autonómico y hacerlo ya totalmente el PP, también significará que la acción de Gobierno de Rajoy, aunque duela, es percibida como necesaria e inevitable por la ciudadanía, que sigue considerando que el PSOE debe pagar como responsable de esta penosa situación en que nos encontramos.

Antonio Pérez Henares

Antonio Pérez Henares nació en Bujalaro (Guadalajara) en 1953. Escritor, periodista y viajero.

Como periodista lleva ejerciendo desde los 18 años en que comenzó en el diario Pueblo. Ha trabajado después entre otros medios en Mundo Obrero, Tiempo, El Globo y la Cadena Ser. En el año 1989 se incorporó al staff directivo de Tribuna, publicación de la que fue director entre los años 1996 y 1999. Durante los años 2001 ocupó la jefatura de Suplementos del diario La Razón que abandonó a principios de 2008 para hacerse cargo de la Dirección de Publicaciones del grupo Negocio y en 2010 accedió al cargo de director de diario económico puesto que ocupa en la actualidad. Asimismo es un conocido analista político y colabora como comentarista en diversos espacios de radio y televisión con COPE, La Sexta, Telemadrid y Veo 7. Su blog en Periodista Digital, “La Marea” ha superado las 60.000 paginas visitadas al mes .

En su faceta como escritor, con más de una treintena de títulos publicados, destacan sus ensayos sociológicos, sus libros de viajes y su reconocida trilogía de novelas prehistóricas “Nublares”, “El hijo de la Garza” y El ultimo cazador” a la que se ha añadido últimamente “La mirada del lobo”.